Exégesis

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Pequeño astronauta,

nunca pudiste prevenirte.

Surfeaste mil vientos estelares

para tropezar con sus vías lácteas.

Perseidas danzantes, amamantadas

por sus senos.

 

Sorprendido y asustado,

renegaste por los miedos,

de aquellos soles descarnados,

que en tu pecho se encogieron.

 

Tendido a la gravedad

de esa linda nada.

Oscuridad:

Deseada,

anhelada,

soñada,

… más que amada.

 

Sucumbiste a los placeres,

de sus agujeros negros.

Supermasivos succionaron así tus sueños,

hasta el más absoluto orgasmo.

 

Mi pequeño astronauta,

rompiendo tus normas.

Dejaste de viajar,

preferiste quedar abrazado,

al horizonte de sucesos

que aquella diosa te propuso.

 

Llegaste a partir las físicas,

y la exégesis del viajero,

quedó mojada de sus gases y aguaceros,

hasta vomitar termodinámica,

por quedar enamorada del disco de acreción

de sus satélites de cerámica.

 

Te liberaste de la ciencia,

sucumbido a sus saturnos,

y al roce de sus aros de formol.

Heliocentrismo que te danzó,

dulce presa del cosmos seductor.

 

Y ella, ahora,

te somete,

te guía,

te yace.

Hasta los para siempre

que los libros no predijeron:

Rompiste las reglas del juego,

para invertir el espacio/tiempo.

Olvidaste los cálculos que te enseñaron

por distorsionar la infinidad de sus besos

que sin tregua te adujeron.

 

 

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9 comentarios sobre “Exégesis

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