TRUCO FINAL

magic-2034146_1920

Ese viejo “mindundi”, había pasado la mayor parte del día postrado en la barra del Bar 57. Al fin y al cabo, le gustaba rodearse de personas como él: decadentes, humilladas por la vida, bohemias, y de lenguaje sumamente obsceno.

Entre pinta y pinta, saboreaba los placeres de las historias que le contaba un camarero, ya acostumbrado a las idas y venidas de estos sujetos tan curiosos –probablemente habría sido buen psicólogo si hubiera templado esa rebeldía que lo caracterizó en aquellos locos ochenta-.

Entre todos los tertulianos semi-ebrios, el viejo de barba descuidada era una auténtica eminencia. De hecho, a sus espaldas, las lenguas más afiladas promulgaban que antes de mudarse a la ciudad donde ahora habita había sido un jurista de reconocido prestigio: determinante, decisivo, de sublimes trajes y experto gozador de las noches donde el mejor cava del Penedés y el sushi  se servían en bandeja de plata y sin medida. Pero ahora, ahí estaba, con la mirada perdida hacia los rascacielos. Sin abrir la boca, sin decir nada.

Y tras cuatro vasos escarchados, ese “mindundi” subía hasta la octava planta de un apartamento destartalado. Ese lugar, donde el gotelé no solo yacía en las paredes, sino que parecía expandirse hasta lo más profundo de su corazón, llenando su sangre con viejos recuerdos que guarda al ritmo de una antigua gramola.

Hastiado, sacaba su libreta amarilla, y garabateaba los entresijos de otra vida. Esa… que vivió acompañado. En realidad, él era un auténtico brujo, y al ocaso volvía a practicar aquel truco final con la misma pluma con la que redactaba los contratos.

Y escribía, y hacía música con las líneas plagadas de letras que del alma surgían, sin sentido, pero con sentir:

Por la noche hacia magia

con sus versos.

Sin nomenclaturas pronunciaba su nombre,

y la tinta lloraba en cada intento,

por hacerla resurgir de entre los restos

de esas páginas, bordadas.

Solo quería volverla a ver.

Cada metáfora volvía a sacarla de nuevo,

… A esa chica,

… De  la chistera.

Y, cuenta la leyenda que,

a veces, se aparecía.

Susurrándole un “te extraño”,

le daba su beso, de despedida,

hasta el siguiente

… truco final.

Anuncios

7 comentarios sobre “TRUCO FINAL

      1. Que sepas, que me ha gustado tanto la coletilla que te escribí de manera improvisada tras tu primer comentario, que voy a editar la entrada para incluirla. Para que luego no digan que si un comentario o el interactuar con alguien no inspira. Así que, ya sabes. Hay algo tuyo en el inciso final, que fuiste el incitador jajaja

        Me gusta

      2. Ya me conformo con ser el incitador de tan maravilloso comentario…el tuyo. Interactuar es el oxigeno de la humanidad. Aunque hay veces que prefiramos morirnos ahogados y sin proferir ni una palabra. Se pierden las buenas costumbres. Un placer haber contribuido a tu inspiración.

        Le gusta a 2 personas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s