La chica de las victorias.

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Créeme, cuando te digo lo siguiente:

Ganaste.

 

Tus pelos enredados,

de batallas se han peinado.

Las que no quisiste luchar,

y sin embargo, venciste.

 

Porque frotándose las manos

esperaban ira y furia.

Todo ello fue en vano.

Saliste en silencio,  sin avisar.

Y ese estruendo aún retumba,

rompió la jaula de cristal.

 

Quizás eres demasiado mujer,

inocencia de niña…

Envuelta estás en sutil madurez.

 

Rechazaste desgastar tus zapatos,

en aquellos malditos tangos,

de quien solamente quiere que le bailen

sus aguas turbias…

Tú, que eres

salmón de tierra firme

danzando a contracorriente.

Jamás habrías soportado

esa perfecta sumisión.

 

Eres la niña del columpio

que a la alegría quiere jugar.

Y levitas, piel de ángel…

Te alejaste de los comunes

que solo quieren caminar.

Porque tus sueños son grandes,

y eres de echar a volar.

 

Por ello, te extrañan

cuando tu luz se aleja,

y en ese puerto naufragan otros barcos.

Brillabas demasiado,

Para atracar en esos muelles

De vino agrio, pena y llanto.

 

Y, aunque aún no lo sepas,

ya te están esperando

en tierras fértiles y deseosas

de conocer de tus bondades locas.

Lugares donde el sol brilla más fuerte,

y los niños juegan en los corales.

 

Créeme cuando te afirmo que tú…

… lo conquistaste.

Y da igual

que te hablen del bien y el mal,

si tú y tus lunares,

en sí mismo son moral.

 

Acomódate la sonrisa,

¡sal a la calle a deslumbrar!

Que la vida son dos días,

y eres… ese todo, que está por dar.

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